Las extravagantes y legendarias anécdotas de Kerry Packer, el magnate que vivía bajo sus propias reglas
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Kerry Packer, el magnate de los medios de comunicación y uno de los hombres más influyentes en la historia de Australia, falleció a los 68 años dejando tras de sí un legado de historias que rozan el mito urbano. Con una fortuna que rondaba los 6.500 millones de dólares y el control de los derechos de transmisión de todo su país, su vida estuvo marcada por excentricidades, apuestas descomunidades y una personalidad sin filtros. A continuación, un repaso por las anécdotas más insólitas que definieron su estilo de vida:
1. El rey de las apuestas y la generosidad extrema
Fuera de las salas de juntas, la gran debilidad de Packer eran los casinos. Solía apostar cifras astronómicas, como perder 15 millones de libras en la ruleta o 25 millones de dólares en siete mesas de blackjack en apenas 40 minutos. En una ocasión, ante la frustración de que el jefe de sala no encontraba la llave de una mesa de baccarat bloqueada, tomó un cenicero de cristal y la rompió él mismo. Sin embargo, sus victorias también venían acompañadas de propinas monumentales:
Tras ganar 20 millones de dólares en una noche, repartió 1 millón entre el personal del MGM.
Pagó las hipotecas de dos camareras: a una simplemente porque le cayó bien, y a otra como compensación tras chocar accidentalmente contra ella y derramar una bandeja de tragos.
Su gesto más icónico ocurrió cuando intentó dejarle 800.000 dólares en fichas a una croupier, pero ella le explicó que las propinas iban a un fondo común. Packer llamó al gerente y le exigió que la despidiera bajo la amenaza de llevarse todo su dinero a la competencia, para luego entregarle las fichas y ordenar: “Vuelvan a contratar a esta mujer inmediatamente”.
Agradecido por salvarle la vida tras sufrir un infarto masivo que lo dejó clínicamente muerto durante siete minutos, donó un millón de dólares a cada uno de los paramédicos que lo atendieron.
2. “Te lo juego a cara o cruz”
Durante una partida de casino, un fanfarrón tejano se acercó a su mesa intentando sumarse y, con soberbia, intentó intimidarlo diciendo: “Yo también soy un jugador importante, valgo 100 millones de dólares”. Packer, buscando tranquilidad, sacó una moneda de su bolsillo y le respondió con total naturalidad: “Te lo juego a cara o cruz”. El sujeto optó por retirarse en silencio.
3. El sándwich de jamón de 100.000 libras
A mediados de los 90, tras celebrar la victoria de su equipo de polo en un pueblo inglés, Packer y sus amigos llegaron hambrientos a un pub buscando comida entrada la noche. Al recibir una negativa poco amable por parte del personal, probaron suerte en el siguiente hotel. Su dueño accedió amablemente a prepararles unos sándwiches de jamón con lo que había en la cocina. Agradecido por el gesto, Packer firmó un cheque de 128 libras por la comida e incluyó una propina de 100.000 libras, con una condición hilarante: “Antes de depositarlo, llévalo al pub del final del pueblo y muéstraselo al tipo que no quiso darnos de comer”.
4. Revolución en el deporte: World Series Cricket
En el ámbito empresarial, Packer cambió para siempre el panorama del deporte mundial al crear el World Series Cricket. A través de este formato, modernizó el críquet introduciendo partidos de un día, transmisiones televisivas atrapantes y convirtiendo a los jugadores en profesionales de tiempo completo gracias a la inyección masiva de dinero y patrocinios.
5. ¿Qué es el gobierno para un multimillonario?
Cuando en 1991 fue citado a una comisión gubernamental para investigar la industria de los medios impresos, Packer demostró su absoluto desdén por la burocracia política. Al ser cuestionado sobre las prácticas fiscales de sus empresas, lanzó una de sus frases más célebres:
“Por supuesto que estoy minimizando mis impuestos. Y si alguien en este país no minimiza sus impuestos, deberían hacerle revisar la cabeza. Porque como gobierno, les puedo asegurar que no los están gastando tan bien como para que debamos donar dinero extra”.
6. Vivir y morir a su manera
Años antes de su fallecimiento el 26 de diciembre de 2005, el infarto que lo había dejado clínicamente muerto le quitó cualquier temor a la muerte. Según relató alguna vez, la experiencia le demostró que “no hay nada al otro lado, nadie te juzga, así que puedes hacer lo que te dé la gana”. Cuando su salud comenzó a deteriorarse sin retorno, le pidió a su cardiólogo que lo dejara ir porque se estaba “quendando sin combustible” y quería “morir con dignidad”, despidiéndose del mundo bajo los mismos términos audaces y sin concesiones que rigieron toda su vida.
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